Un “parto” muy completo

miratonHan pasado ya 6 semanas desde la última entrada y varios me habéis escrito preocupándoos por cómo había ido el parto. La verdad es que mi idea era actualizar esto en cuanto volviese a casa del hospital, pero más adelante os explicaré porque no lo hice.
Aunque la fecha prevista de parto era el 5 mayo, Nico parecía estar muy bien ahí dentro y se negaba a salir, y a pesar de caminar muchísimo cada día y probar todo tipo de consejos y remedios naturales para provocar el parto nos plantamos en la semana 41 y el médico nos dijo que por protocolo a partir de la 41 + 3 días había inducir el parto ya que los riesgos aumentan.

 

42semanas

Antes de ir al hospital (42+5)

Personalmente no soy partidaria de adelantar acontecimientos, y creo que las cifras y las fechas no son exactas y que cada caso es diferente y debe tratarse individualmente. En el nuestro todo estaba bien, acudía a monitores cada dos días y todo estaba correcto, la placenta, el latido, todo, así que conseguimos que esperasen un par de días más, pero al final me programaron la inducción al parto para la 41+5, y aquí comienza mi experiencia con el nacimiento de Nico.

Mi “parto”:
Después de 9 meses, por fin había llegado el momento, estábamos a punto de ver por primera vez a nuestro hijo. Teníamos mucha ilusión y a pesar de que me iban a inducir el parto, nosotros teníamos claro que queríamos que fuese lo menos intervenido y lo más natural posible, de hecho nos habíamos preparado para eso. A parte de las clases de pre-parto que nos dieron en el hospital, las cuales estuvieron genial, mi ginecóloga nos recomendó que si queríamos un parto sin epidural que hiciésemos preparación específica para parto natural y manejo del dolor, que es algo que por lo visto en otros países europeos se suele hacer, pero que en España no tanto, así que contratamos a una matrona que en varias sesiones nos informó muy bien y nos dio varias técnicas para perder el miedo al parto, confiar en mi cuerpo y gestionar el dolor. La inducción comenzó el día 17 de mayo a las 10 de la mañana con un tampón de prostaglandinas, que ayudan a madurar el cuello del útero, si esto funcionaba era probable que comenzase yo sola con las contracciones y no tuviesen que ponerme oxitocina para provocarlas. Tuvimos suerte, y a las 10 de la noche comencé con contracciones fuertes y regulares cada 3 minutos, las cuales fui aguantando muy bien sin medicación gracias a ejercicios de respiración, movimientos en el balón de pilates, masajes y paseos por el hospital.

partopilatesA la 1 de la mañana ya había dilatado 3 cm y me ofrecieron la epidural y pero la rechacé, el dolor era soportable y no tenía miedo. A las 8 de la mañana ya estaba en 7 cm, solo me quedaban 3 más para la dilatación completa, ¡qué emoción!. Mi marido me estaba ayudando muchísimo y estaba tan relajada (y cansada) que entre contracción y contracción me quedaba dormida sentada en el balón de pilates y con la cabeza apoyada en la cama (sí! me dormía durante unos 2 minutos, me despertaba para moverme cuando llegaba la contracción y luego seguía durmiendo…).
Las contracciones seguían con la misma frecuencia e intensidad, pero algo pasaba, porque a las 2 de la tarde seguía en 7 cm. La ginecóloga entonces me dijo que tendrían que romperme la bolsa para ver si así continuaba dilatando y que si no me tendrían que poner oxitocina y si dos horas más tarde seguía sin dilatar más, me tendrían que hacer cesárea. Como a las 4 de la tarde seguía igual me pusieron “mi temida” oxitocina, pero antes de eso me recomendaron de nuevo ponerme la epidural, ya que las contracciones con oxitocina artificial son mucho más dolorosas y yo estaba físicamente agotada. Decidí ponerme la epidural al menos durante esas dos horas para poder dormir algo y tener fuerzas en el expulsivo y si dilataba bien retirarla para ese momento y así poder elegir libremente la postura en la que quería dar a luz (este es el principal motivo por el que no quería utilizar epidural ni gotero de oxitocina en mi parto, porque quería poder moverme con libertad durante todo el proceso). Y aquí de nuevo algo fue mal, porque la epidural comenzó haciendo efecto solo en el lado izquierdo de mi cuerpo pero terminó por no hacer efecto en ninguno, con lo cual tuve que aguantar las contracciones tumbada en la cama con el gotero de oxitocina, sin poder bajarme para moverme y controlarlas, sin poder dormir y con una impotencia tremenda. Y para colmo seguía en 7cm y decidieron que había que hacerme una cesárea por “no progresión del parto”, y además ponerme con otro tipo de anestesia (la raquídea), porque la epidural no me había hecho efecto.
Por esto digo que mi parto fue completo, porque de querer un parto lo menos intervenido y medicalizado posible, acabé pasando por todo para terminar en cesárea.
En ese momento, cuando nos dijeron que había que hacer una cesárea mi marido se puso muy triste, principalmente por mí, porque sabía que eso no era lo que quería. Nos habíamos preparado para todo, menos para eso.

Yo suelo ponerme siempre en el mejor de los casos, eso me permite fantasear y disfrutar el proceso, pero también soy consciente de que las cosas no siempre salen como queremos y que si eso ocurre es importante ajustar esas expectativas rápidamente y sacar lo mejor del momento, y así lo hicimos. Le dije que no se preocupase, que lo habíamos hecho muy bien, que me había ayudado muchísimo y lo más importante, que en cuestión de minutos íbamos a tener a nuestro hijo con nosotros. De este modo no perdimos la sonrisa ni la ilusión y seguimos disfrutando el momento, ya que lo importante era la recompensa final, ver a Nico en nuestros brazos. Esto no quita que luego en casa, con tiempo, distancia y las hormonas revolucionadas, le diese mil vueltas al tema de por qué acabo en cesárea, por qué yo no pude parir como otras mujeres, por qué acepté la epidural, o si podría haber hecho las cosas de otra manera para que eso no hubiese ocurrido. Pero como bien digo, las hormonas juegan un papel muy importante tras el parto, es lo que los médicos llaman el “Maternity Blues” o “estado depresivo post-parto” (ojo! no confundir con la depresión post parto, algo mucho más serio, inusual y que debe ser tratado), que dura unos días pero nos hace estar con unos bajones que yo nunca había sentido, y este es uno de los motivos por los que he querido dejar pasar unas semanas antes de escribir, para hacerlo siendo 100% yo (esto y la falta de tiempo).

La cesarea
En el hospital todo el equipo se portó genial con nosotros, y permitieron que mi marido estuviese conmigo durante la cesarea, que hiciésemos el piel con piel e iniciásemos la lactancia materna inmediatamente, primero en el quirófano mientras terminaban de coserme y luego en una sala más íntima. Ah! Y como dato curioso, me dejaron escoger música para escuchar durante la intervención, así que Nico nació mientras escuchábamos “En el mundo genial de las cosas que dices”, de Maldita Nerea…

“…un, dos,
se duerme a mi lado,
he vuelto a caer
y sigue, tres, seis,
te llevo en mis manos,
ya no te puedo perder…”

Y llegó, por fin llegó Nico a nuestras vidas, el 18 de mayo de 2016 a las 18:16, y desde ese momento no puedo parar de mirarle, de abrazarle, de sonreírle, de cuidarle. Él es ahora todo nuestro mundo, lo completa todo, una felicidad, no al cuadrado, sino al cubo.


Tenía pensado contaros muchas más cosas en esta entrada, ya que estas 4 semanas con Nico han dado para mucho, pero al final me he alargado demasiado con mi “historia” y me lo guardo para el siguiente post, así que no os lo perdáis.

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