¿Perdemos calidad de vida cuando tenemos hijos?

Esta semana la noticia del nuevo libro de Samanta Villar y sus declaraciones acerca de la maternidad me han hecho pensar mucho sobre el tema.

La periodista venía a decir que la maternidad está sobrevalorada, que nadie te cuenta lo duro que es, que se pierde calidad de vida y que no es más feliz ahora que es madre que lo que lo era antes (dando a entender pero sin decirlo, que es menos feliz) y habla de “la dureza, las dificultades extremas, los inconvenientes insoportables y el sacrificio estratosférico», ya que «nadie te cuenta lo que es en realidad la maternidad, tomas una decisión engañada».

Como madre que soy, tan solo puedo sentir pena por estas palabras. De verdad me resulta muy triste que pueda estar viviéndolo así, y si descartamos que tenga una depresión postparto, o que haya sido un embarazo no deseado y que llega en un mal momento personal (que no es el caso), me cuesta llegar a entenderlas.

Sí que es cierto que los hijos te cambian la vida, quien diga lo contrario miente, pero ¿acaso no te cambia la vida todo aquello que merece la pena?. Desde que soy pequeña he aprendido que si quiero algo tengo que luchar por ello, y que por el medio va a haber sacrificio, y quizá decepciones, pero que la recompensa es grande. Si te gusta un deporte tienes que dedicarle tiempo para perfeccionarlo, y eso, de alguna manera, te cambia la vida. Si quieres aprender un idioma tienes que practicar mucho, y quizá pasar un tiempo en el extranjero, y eso te cambia la vida. Si tienes una pareja y quieres cuidarla tienes que pasar tiempo de calidad con ella, y lo mismo ocurre con los amigos, con lo cual tienes que buscar el equilibrio entre ambos, y eso también te cambia la vida. Si quieres ser la mejor en el trabajo, tienes que currártelo estar siempre formándote y ser proactiva, y eso te cambia la vida. Y por supuesto, si quieres tener hijos tienes que estar dispuesta a sacrificar parte de todo lo anterior y buscar de nuevo el equilibrio perfecto para poder dedicarles el mayor tiempo posible, ser la mejor versión de ti misma y desarrollar una paciencia y una ternura infinitas, y eso sin duda te cambia la vida, pero merece la pena, o al menos a mí me lo parece. Todas las horas que pierdes de sueño se compensan cuando ves su carita al despertar, mis ojeras se compensan con mí sonrisa, y es cierto que la relación con la pareja cambia, ya no podemos ver todas nuestras series pero en su lugar nos tiramos en suelo a jugar con nuestro hijo y la casa se ha llenado de canciones y risas. Ya no viajamos a lugares exóticos pero estamos descubriendo un montón de planes para hacer con niños. He descubierto en mi pareja una faceta mucho más tierna y divertida de la que ya conocía y juntos vamos superando poco a poco cada dificultad (que haberlas haylas).

Aunque sus afirmaciones me sorprenden, creo que lo que le pasa a Samanta es algo que si lo extrapolamos a otros apartados de la vida le ocurre a mucha gente. Juzgamos la felicidad o la vida idílica de los demás por lo que vemos, rara vez nos paramos a pensar que hay detrás de todo eso, pensamos que viene sin esfuerzo, y esto es lo que le ha pasado a esta señora. Nadie la ha engañado, ya tiene una edad para hacernos creer eso, más bien se ha auto-engañado.

A mí no se me ocurre pensar que su éxito como periodista viene de la nada, que no le ha costadoexito esfuerzo y que no ha tenido que sacrificarse para llegar a donde está, por eso ella no debería haber pensado que cuando ve a madres felices y sonrientes que te cuentan entre risas la última ocurrencia o travesura de sus peques, o mamás idílicas  a juego con sus bebés maravillosos, que eso es todo, que no sufren cuando están enfermos, que no se sienten perdidas cuando llegan a casa tras el parto, que no sienten una responsabilidad enorme, y que no tienen que cambiar sus prioridades. Desde luego lo fácil siempre es creer que la vida de los demás es de anuncio y que viene sin esfuerzo y sin renunciar a nada, y sentirnos frustrados cuando comprendemos la realidad es muy distinta, pero no podemos caer en el error de culparles por dejar ver solo la parte bonita y ocultar la fea. No es que la oculten, es que no le dan importancia, porque lo bueno compensa con creces todo lo demás.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: