He encontrado un oasis

Hace unos días, paseando por el centro de Madrid con mi hermana y mi bebé pasamos por casualidad por delante de la Iglesia de San Antón, la famosa parroquia del Padre Ángel, al que tantas veces he visto en televisión hablando de las iniciativas de “Mensajeros de la Paz”.

iglesia-de-san-antonDesde fuera ya prometía, pero una vez dentro me encontré con una iglesia como deberían ser todas: abierta 24 horas a TODO el mundo, adecuada a las necesidades particulares de cada uno y lo que es más importante, ajustada a la realidad que estamos viviendo, no de espaldas a ella. Dentro había un aseo adaptado y con cambiador para bebés, allí una voluntaria ayudaba a una mujer en silla de ruedas a entrar, y un hombre limpiaba sus zapatos y el bajo de los pantalones con esmero, mientras me comentaba que alguien había pisado un charco a su lado mientras estaba sentado en la calle. Cuando salió de los aseos estaba limpio, peinado, sonriendo y caminaba con la cabeza bien alta.

Me pareció que estaba en un oasis, un oasis de esperanza, de tolerancia, de amor, de igualdad, de dignidad. De esperanza, porque con pequeños gestos se pueden cambiar muchas cosas, y este lugar es un ejemplo; de tolerancia, porque en esta parroquia no se juzga, se ayuda a todo el que lo necesita, sea creyente o no; de amor, porque eso es lo que emana cada detalle, cada persona, cada gesto en este lugar; de igualdad, porque allí
dentro nadie es más ni nadie es menos, todos pueden dar algo y recibir algo, unos podrán ayudar con dinero y otros no, pero todos pueden ayudar con una sonrisa, con una palabra de aliento, con su ejemplo, con su trabajo…; y un oasis de dignidad, porque quienes lo han perdido todo, al menos aquí pueden recuperar eso a través de la parroquia y de “Mensajeros de la Paz”, con gestos sencillos como ofrecerles la posibilidad de cortarse el pelo en el “pelobus”, conectarse a Internet, asearse, descansar en un sitio caliente, ayudar en la parroquia, comer en los restaurante “Robin Hood”, dejar a sus hijos en la casa cuna para poder ir a trabajar y salir de la situación de riesgo en que puedan encontrarse. Pero además de esto, es sobre todo un oasis de reflexión, porque a veces necesitamos un golpe de realidad, para dejar de quejarnos por aquello que no tenemos, dar gracias por lo que tenemos y pensar cómo podemos ayudar con eso.Iglesia San Anton

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